Ulises en la isla de Calipso.: el bar Charly

By: juanrico

Oct 10 2016

Category: Uncategorized

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“Se llamaba Charly…la encontré en la calle, sola y tendida,
lloro de hambre, Charly…”
Así comienza la letra de la exitosa canción del Grupo Santabárbara en los primeros años de los 70s, cuando entrabas en cualquier bar o café y alguien se gastaba un duro en el juke box, y las notas envolvían la espesa atmósfera de los últimos coletazos del dictador…
Se trata de una canción pesimista y exultante de romanticismo, aunque llena de ternura y esperanza: un deseo descarado de que la pesadilla del régimen acabara cuanto antes…
Así leía el luminoso letrero del café en la esquina General Oraá y la calle Lagasca, en el exclusivo centro de la capital de España; en aquel garito, acodados en la barra o sentados en una mesa del entresuelo, desde donde se podía observar el trajín de aquella encrucijada, de los ociosos viandantes, de los militares con uniformes, de los encorbatados banqueros, de las “chachas” que cargaban con los pertrechos de la compra de la señora, percibíamos que el ruido del tráfico se veía interrumpido por la siempre presente molesta sirena de los “grises” en alocada carrera en pos del terror… (el miedo, un arma útil en poder de los totalitarios: ¿ te suena? ” haremos que el miedo cambie de acera”.)
Allí repasábamos nuestros años de lucha y formación universitaria en Salamanca; nuestras peripecias en las manifestaciones de estudiantes contra la dictadura, al tiempo que (” tuviste suerte al encontrarte en mi camino ” -de la canción del grupo Santabárbara nos aliviaba de la desesperanza del futuro profesional); relativizábamos nuestras cuitas teniendo presente a la chica de nuestros sueños, a las que sentíamos como “Charly”…
Sorteábamos las largas noches sin apenas un duro en el bolsillo en el Drugstore de Velázquez, que junto al de Fuencarral supuso una ventana de aire fresco y nuevo de libertad al bohemio malestar de libertad clandestino; allí esperábamos que algún enchufado de la teleúnica o actor secundario nos pagara el “barbitúrico” en justa compensación a nuestro locuaz discurso contra el régimen franquista, recurriendo a citas de Sartre, Chonsky o Karl Popper ( ” Los enemigos de la sociedad abierta” – tal vez el partido populista Podemos hoy).
Tú, que por nada del mundo dejarías la capital, a pesar de tu especial lazo con Salamanca, me ilustrabas al día de los batiburillos de la villa, que se sucedían unos a otros como el vaivén redondo de un tiovivo de la feria. Según las leyendas urbanas, Franco se moría todos los meses al menos una vez, sin que concluyera su agonía (partido socialista hoy?). Aquí se respiraba con libertad, sin el aire cobarde de los provincianos, siempre expuestos al peligro de los aduladores siniestros, que vivían de los favores del sistema…
A veces, el ventanal de Charly, que daba al cruce de la calle Lagasca con General Oraá nos permitía disfrutar de la torna soleada luz del sol de mediodía madrileño de otoño, nos abría el horizonte de desarrollar nuestras habilidades en el Reino Unido, Alemanía o Francia, donde sobrevivir en el invierno de Madrid…allí nos compadecían de un estado vital sobrevenido, y nos proporcionaban sustento.
Y sin embargo el bar Charly nos servía de albergue, donde respirábamos y hablábamos con libertad, despreciando a la posible guardia pretoriana de la brigada social…
E insistentemente la entrañable canción del grupo Santabárbara – ” tuviste suerte al encontrarte en mi camino…”- era acogida con alivio en aquel ambiente pesimista del bar Charly, que cuarenta y tantos años después mudó de nombre, por La Sota.
Fue entonces, cuando Madrid inauguraba los primeros restaurantes-autoservicio , El Topic, en los que por cinco duros podías limpiar de telarañas tus estómagos, casi siempre pasto de mariposas.

Es obligado aceptar que los recuerdos son sombras del pasado, que, como afirmara Gastby, cuando intentamos recuperar el pasado, la imagen es pura ficción, porque la realidad se ha transformado en otra cosa.
Con todo y con eso, y a pesar de que el tiempo ( Juan de Mairena) es la residencia del diablo, donde Lucifer manipula el reloj a su capricho, es obligado destruir la residencia del maligno con la memoria.

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