Héroes sin historia: de hombres y perros

By: juanrico

Jul 06 2015

Category: Uncategorized

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¡Qué subidón (de adrenalina) ! – dirá el moderno, siempre que alguien abjure de los convencionalismos sociales al uso o de lo políticamente correcto. Pero esta exclamación se suele oír a veces siempre que el mercurio sobrepasa los 35º. En esta ocasión, me sucedió en el suburbio de “allí arriba”, en la calle El Arroyo exactamente, una referencia que los lugareños de “aquí abajo”, los pudientes, usan para distinguirse de los conciudadanos que moran al este de la población, por donde el sol amanece para todos por la mañana…
Hastiado de que la prensa, la televisión y las emisoras de radio me desayunaran con un griego , y me hicieran “el griego” un tal Varufakis erótico ( fuck off ) con aspecto de alienígena de la popular serie, y un Sypras con careto de proxeneta, los que intentan hacerle ” un griego” a la dama de acero Merkel y al incólume Rajoy, y al holandés de la comisión, de cuyo nombre no acierto a pronunciar ( Dijokeseyo ), al que se la quieren meter doblada con la ayuda del mamporrero Pablo, que no tiene una coleta de tonto, y está dispuesto a entrar a saco en las arcas de “la cosa” como hicieran los ratos, los bárcenas, los blesas, los del guateque Gurtel, y sin dejar a un lado a los jefes de los fondos de reptiles, el Chaves o el Griñán… le robo la sombra de la solana que proyectan las casas decentes, y por consiguiente humildes, con el fin de aliviarme del recalcitrante sol del cambio climático, me afrenta una especie de “caniche” o Chiwoawa – no sé cómo se escribe en chino, aunque por el tamaño de la mascota, me pareció chino- con cara de pocos amigos, del que, colijo, no le caen bien los hombres con sombrero…
-No se preocupe, no hace nada, sólo sabe ladrar -intentó el lugareño aligerar mis cuidados.
-¿ Es mujer ? -le inquirí sardónico al paisano, que, ante la presencia de su esposa, me confirmó solidariamente con un movimiento de cabeza que estaba en lo cierto: se trataba de una hembra joven
-¡Si!
– ¡ lo he notado por escandalosa! – traté de atemperar mi contrariedad. Y como el canijo can hubiera intuido que se trataba de un halago, me acarició el tobillo derecho con un lengüetazo, más bien un delicado beso, pues se trataba de un cánido de poca envergadura…Y el sabor salado del sudor de mi pie terminó por complacerle, y de paso calmar la lujuria propia del animal.

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