Desde la churrería del Palomar en Guareña: héroes sin historia. “Torrente ” en Guareña.

By: juanrico

Oct 14 2014

Category: Uncategorized

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Y el equino piafante, que se encabritó delante del lecho conyugal, no pudo impedir la ostensible erección a la que se vio abocado una vez que fue requerido a la alcoba del connubio por su amante, donde sobre unas blancas sábanas de lino yacía su idolatrada diosa, que sólo cubría sus encantador pubis con una diminuta prenda de volante y seda. Ora de cúbito supino -me relataba con fruición el equino de los cuernos de oro- ora se revolvía sobre su propio cuerpo, donde detenía el tiempo unos instantes, indispensables para mostrar al desembocado caballo sus ansias de amor…
Y el crepúsculo cerúleo había cubierto con su manto ya grisáceo el árido y sombrío tapiz pardo de la noche, dejando al descubierto la fantasía de una capa de armiño negro poblado de rutilantes estrellas.
Fue una noche de luna llena, cuando las alimañas salvajes saltaban de las jurras, y en un desaforado aquelarre de instinto reproductivo buscaban también a su pareja en celos: la comadreja de negra y blanca piel soltaba su caliente micción que soliviantara al macho; el meloncillo se escurría entre la alambrada del gallinero; los gazapos saltaban solícitos a orillas de la laguna; y en la distancia podía percibir el gruñido del jabalí que retozaba en el retamar, y entre el carrascal del monte.
-”Yo soy de campo -me confesó el petimetre, y sólo me gustan las mujeres de zapatos llanos: aquellas de la ciudad de tacones altos, no tienen la naturaleza de mi hembra: que es fiel como la paloma, y generosa como mi madre, Pasífae”.
Una amplia sonrisa se perfiló en su rostro al oír de una persona culta que la pasión y los requiebros ilícitos de las parejas no sólo enaltecen a los amados sino que proporcionan a los protagonistas un frenesí insólito en las relaciones amorosas.
El bueno de Juanfra, que participó de mi alocución hizo destellar de asombro sus pupilas, relucientes de deseo y paroxismo, mientras nuestro personaje bamboleaba su alma sobre la cresta de la ola insistiendo que no había conocido a hembra alguna como su actual mujer, con la que iba a compartir un retoño nuevo…en el laberinto de sus deseos.

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