Prosopopeya de un pueblo; héroes sin historia: El cabrero de las Poyatas.

By: juanrico

Jun 08 2014

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¿ Qué me iba a hacer creer o engañarme a mi mismo aquella mañana lluviosa del lunes de Pascua, que, desayunando el café espumoso que Mayte me servía, y los churros del inigualable Juanfra, que por momentos había convertido, fruto de soñar lo que veo, que el establecimiento se había trasformado en el vestíbulo del Hospital Nacional de la Maternidad de Dublín con la singular presencia de un personaje, que solía beberse de golpe una copa de anís dulce, casi sin paladearlo, de cuya complexión y mirada perdida se pudiera deducir que se trataba de un perturbado alcohólico ?
Sin embargo, las conjeturas que Juanfra había adelantado sobre el personaje, me trajo el recuerdo de los polemistas reunidos en hall del hospital materno, de cuya tertulia se ponía de manifiesto, en boca del depravado Lynch, que las leyes de la naturaleza tenían previsto el orden desde la desaparición de una estrella hasta la invasión de gérmenes malignos en el cuerpo humano con la finalidad de fortalecer al ser vivo que hubiera superado la infección.
Del cabrero de las Poyatas, que bebía la leche de las cabras recién ordeñadas, que según él mismo admitía potenciaba su virilidad, se podía colegir que la teoría de Lynch no se adecuaba a la realidad en este caso.
Uno puede contradecir la teoría del depravado Lynch al tener en consideración que las leyes impuestas por la naturaleza no habían puesto el reloj en hora, y la evolución de la naturaleza humana se había detenido en este personaje que había practicado el bestialismo desde muy temprana edad.
-" hincaba dos estacas en el suelo, a las que maniataba las patas traseras…" admitía el cabrero de Paloma -para añadir a continuación-
" …conozco a tres de aquí que saltaban el corral…y yo, antes de ir a la mili, tenía a una de dos patas, a las que…( cerrando el puño, y propulsándolo hacia afuera, insinuaba con meridiana plasticidad el connubio )".
Nunca se cuestionó el cabrero que, de aquellas cópulas pudiera haber nacido un fauno; que, de haberlas tenido en cuenta el bachiller Lynch hubiera añadido una cierta inquietud a su teoría sobre las leyes de la naturaleza; y, por otro lado, hubiera servido para abundar sobre la evolución de las especies, y poner en entredicho el determinismo sexual de los individuos.
Se cuenta que una vez domada el ungulado animal, cuya raza pertenecía a las cabras de pelo rojo de las Alpujarras, ella sola venía al cabrero en demanda de sus servicios, propiciándole una caricia con la lengua, allí donde la espalda pierde su casto nombre.

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