Al otro lado del tiempo


-“Canallas, canallas; hijos de puta: que me habéis espantao las gallinas cluecas”¡ Y la atrabilaria anciana, apoyándose en una endeble vara de olivo seco, a trompicones perseguía a sus propios y traviesos nietos, sacudiéndose el palo, que le servía de fustigador apoyo, contra el lateral del hábito marrón de los carmelitas, del que únicamente se desprendía la desvencijada viuda antes de empiltrarse para dar buen cumplido a sus renqueantes huesos…tú entonces solías apostarte con una sonrisa cómplice de nuestras barrabasadas sobre el vano de la puerta que se comunicaba con el cortinal de nuestras pericias y aventuras infantiles, como un vigilante oportuno de nuestras infames tropelías…
-¡ Madre, déjalos: son solo niños! – tus palabras significaban el salvoconducto de nuestra impunidad.
Cuando mi hoy fue tu mañana un día, al que te hubiera gustado asomarte y contemplar de cerca la futilidad de la vida, no quisiste sacar a la luz la oscuridad que se proyecta al otro lado del vano rectangular del efímero presente, que todo lo invade, con la rapidez que se propaga una insignificante llama en el bosque.
Tu hoy obstaculizaba la presencia de tu futuro, al que siempre lo adivinabas lejos, como si la tentación de aproximarte al límite, sólo con el pensamiento, constituyera un impío atrevimiento o pecado de vanidad o miedo metafísico, aunque nunca supiste que ser vanidosa fuera una falta, pues esa realidad se escapaba del conjunto de tus conceptos, los cuales siempre quedaban eclipsados por el amor propio, que fue tu mejor armadura ante los desafíos de la soledad, la cual siempre buscara tu derrota, a la cual acogías en tu regazo como si de una íntima amistad se tratara; y, sin embargo, al miedo sabías arrumbarlo en el más recóndito rincón de todas tus cuitas, sobreponiéndote a sus envites con denodada valentía y lucidez.
No puedo ni siquiera colegir, (pues la distancia entre tú y yo se proyectaba tan distante que tu lejana presencia y mi voluntariosa aproximación apenas resaltaban dos diminutos puntos cartesianos cada día más separados) por qué vericuetos tu clara percepción del mañana, que vertiginosamente se acercaba, desentrañaba la quimera de un ayer irreconocible ya, a causa de un apabullante hoy que todo lo invade y no deja resquicio alguno dónde reposar las incógnitas del ayer que se diluyen como un día de sol en una tarde de niebla, y un mañana que se adivina próximo, aunque la imperceptible realidad de su inicio no es lo suficientemente nítido como para aportar el oportuno paradigma a los sentidos.
-¡ “Me miró muy fijamente, como si intentara reconocerme”¡ – me confesó una sobrina a tu lado antes de que tu retina captara el último destello de luz, y el brillo de tu pupila se tornara empañado y opaco, incapaz de expresar ninguna emoción.
Sin embargo, tu aliento permanece nítido en el mundo de las estrellas…(Continuará)

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