Aquel Noviembre en un día de Agosto a orillas del Irwell ( Cont.)

By: juanrico

Dec 22 2013

Category: Uncategorized

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Los coches de la avenida, la cual no permitía la afluencia de vehículos ajenos a Birch Av., de los que casi pasaba desapercibido el arranque de los motores, apenas emitían gases ni incomodaban a los residentes. En realidad la sensación que percibía no era diferente a la que uno advierte si viviera aislado en medio del monte; apenas en la lejanía se hacía notar el ruido de un jumbo que hubiera despegado del aeropuerto de Manchester, describiendo una trayectoria opuesta a los confines de Wimslow. Para los que habitamos en una ciudad de relativa calma y no mucho tráfico, vivir lejos del trajín urbano no deja de ser un desideratum o una quimera, por eso Wimslow representa el paraíso añorado de muchos y al alcance de pocos privilegiados. En invierno, sólo el chisporroteo de los leños que se consumen en la chimenea y las cortinas de lluvia que golpean los cristales puede que sean las únicas agradables notas de una melancólica melodía, suficientes como para mantener apagado el artefacto electrónico que a todos nos importuna y nos distrae hoy.
Bajar al comedor donde dos pimpollos de embaucadoras niñas, Meábh y Aoibehinn, que han comenzado la ingesta de la dieta adecuada a su edad y, que su madre les confecciona con primor, te reciban con un cariñoso saludo y una alocución infantil y un balbuceo ininteligible, todavía hace resaltar más los valores de dos vidas que no han hecho más que empezar…
El café capuchino de desbordante espuma de leche fresca e insuperable sabor, únicamente comparable a la aromática néctar que conjugaba el olor de los arbustos silvestre del monte con el sabor de la leche recién ordeñada de mi niñez, que estaba al alcance de mis labios, acompañado de pan de semilla, que se ajusta especialmente adecuado a las exigencias de la mantequilla de la vaca…insuperable en calidad por ninguna de nuestras latitudes, para ser recubierta con compota de frambuesa, no comprendía sólo el placer de la ingesta sino sobretodo la inestimable presencia de las niñas, que sin esfuerzos voluntariosos, completaban una atmósfera única y exuberante de prístina felicidad.

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