Baile de pueblo ( cont )

By: juanrico

Aug 16 2013

Category: Uncategorized

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No puedo oír la melodía, aunque se puede presumir que se trata de una pieza de baile de ejecución lenta, al tomar en consideración el apalancamiento de las parejas: las cuatro se entregan abiertamente en un abrazo de empatía recíproca; de las que no conozco a las protagonistas, ni a sus partenaires; presupongo que una de las protagonistas sabe expresar su inclinación, pletórica de sensualismo, mientras que las demás ejecutan sus movimientos acompasados, atendiendo más a las notas y ritmos que a la oportunidad de aproximar sus deseos a la realidad física que la oportunidad le ofrece.

Semblanza de un pasado que queda como única dimensión del tiempo, como única verdad apriorística, sumida en el más oscuro y profundo arcón de la memoria individual de cada uno:
” Andrés, el dueño del Casino, en la plaza ” de la función” como recuerdan nuestros abuelos, había fabricado de su ingenio un recinto amurallado en forma de corral para reses en tiempo de apareamiento, que acogería al atajo de jóvenes solteros a los que le exigía cinco o diez pesetas como tasa si deseaban participar en aquel tablado inclinado de madera y golpear con sus tacones el entarimado, acompañado de la elegida entre las hembras, que sentadas ante una mesa alrededor de la pista del baile, pacientemente esperaban la invitación de aquel que tantos sueños y desvelos le había causado: El Niño con su clarinete o saxo iniciaba el compás de la pieza, al tiempo que con el acordeón hacía las delicias Santiago de la Frasquita y Eulogio, el Betunero, acompasaba componiendo la melodía con su acordeón junto a Fidel, el del popular Ciego y Moisés, el Sacristán, que vocalizaba las notas a golpe de la batería …
” la cucaracha, la cucaracha…ya no puede caminar…porque le falta la patita de atrás…”
y otras populares tonadillas de aquellos ya olvidados cincuenta:
” ya viene el negro zumbón, bailando alegre el bayón, replica la zambomba y baila el churumbel… Tengo ganas de bailar el nuevo compás… Chica donde vas? -vengo a bailar el bayón…”
Al tiempo que las madres no quitaban los ojos de las hijas, vigilando su reputación y decencia, que ellas se encargaban de burlar con la misma pasión que las vigilantes progenitoras habían demostrado en su irrenunciable celo, aprovechando la vuelta del compás para, de espaldas a las procelosas inquisidoras, apretujar con desmedido deseo el cuerpo de su pareja. Sin embargo, a algunas abuelas en la escena se las veía cómo relamiéndose los labios de gusto no olvidaban sus mejores tiempos reflejándose en el espejo de los arrumacos de los que sus nietas eran protagonistas felices en aquellos momentos, y a pesar de que sus fieles esposos descansaban ya hace años en el reino de los justos, a ellas no se les ponía nada por delante al recordar las caricias apasionadas de aquellos mozos de pelo en pecho y de nada dudosa virilidad.
El cura don Jose, prohibía a las Hijas de María participar en el apareamiento voluptuoso de una juventud que se afanaba por ser joven.
Eran otros tiempos los que trato de desempolvar del baúl de la memoria.

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