Prosopopeya de un pueblo: de la taberna de Terry en Dublín a la procesión de la Virgen del Carmen en Guareña ( III)

By: juanrico

Jul 19 2013

Category: Uncategorized

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Nunca me había atolondrado tanto en mi retiro en la buhardilla de la calle Juan Durán com el martilleo electrónico que, para mayor comodidad de los prebostes clericales, la tecnología había echado en sus manos; en tiempos no muy lejanos, el profesional o diácono o acólito endurecía sus tríceps y bíceps, así como su columna o espina dorsal, haciendo estiramientos hacia abajo de una gruesa cuerda adherida al badajo de una campana en ta torre- que suele coronar la cigüeña con un nido de sarmientos, emulando a la corona de espinas de Jesús en la cruz-, contorneando su cuerpo enjuto tanto que unas veces su estilizada figura se transformaba en un siete o un cuatro, dependiendo de la posición del observador, que de ninguna manera un humano pudiera resistir tirando del badajo más de cuatro horas ininterrumpidas como el dispositivo electrónico, que se programa de acuerdo con el rito o la celebración.
Todo el pueblo femenino, mayormente, esperaba con inusitada devoción el desfile de la efigie de La Virgen del Carmen, a la que incluso los blasfemos de Dios suelen dedicar las más sinceras jaculatorias de respeto y ternura…
Había arrancado la comitiva de acuerdo con el horario previsto. Daba el reloj de la Iglesia de Santa María el cuarto de las siete y media de la tarde, cuando todavía el astro que nos calienta la vida, proyecta sus solares destellos en las fachadas del Altozano, un estandarte precedía al catafalco donde a la imagen de Nuestra Señora la realzaba un corro de mujeres de a ocho, que guardarían su turno en el relevo, porque, aunque el icono no medía grandes dimensiones, el sofoco a causa del calor hacía correr el rímel y los coloretes por los piadosos rostros femeninos; detràs de la Virgen presidía la procesión los principales actores de tan devota ocasión, de entre los cuales se destacaba el maestro de ceremonias que recitaba musicalmente los versos de ” Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores…” a los que las almas devotas respondían emocionadas con un ” Dios te salve, María, llena eres de gracia…” Haciendo imposible que yo siguiera a Ulises sus pasos por Dublín, recordando el Santoral de la Iglesia Católica en una de las tabernas donde Stephen Dédalo… solía trasegar “usquebacha”, lamentándose de las consecuencias de la hambruna en Hisperia… ya que el coro de los procesionales alzaban la voz cada vez con más brío, mientras el sacerdote convocaba a la reunión a todas las mártires y santas dándole a la letanía una tonalidad musical muy piadosa…” Santa Eulalia de Mérida” – y la comitiva contestaba enfervorecida: ” Ruega por nosotros” ; para continuar con todo el santoral femenino de la Iglesia a los que demandaba sus favores y ofrecía las plegarias: ” Santa Joaquina y Santa Ana”, Santa Isabel de Hungría e Inglaterra, Santa Isabel la Católica de España – Ruega por nosotros; Santa Eulalia de Barcelona…ruega por nosotros y Santa Agueda que te resististe a las tentaciones del senador romano Quintiliano y por eso fuiste mártir de la iglesia … Ruega por nosotros. Y al compás de la monotonía que produce la letanía de todas las santas, la procesión de las hermandades junto con las jóvenes aspirantes recorría la calle Medellín- donde Mrs Daisy había abierto las puertas de su domicilio para dar acogida a la Madre de Dios y levantado un altar de pilistras y aureolas-
pasaba por la calle Nueva, giraba al final de la misma y embocaba la calle Salsipuedes, cruzando la calle Pajares y terminar el cortejo en la iglesia de los pobres, la Iglesia de San Gregorio donde la Virgen del Carmen descansaría durante un año hasta empezar un nuevo recorrido en sentido inverso el próximo dieciséis de agosto.
El esquilón eléctrico ha dejado de latir por hoy, y pude finalmente oír las alegorías del ciudadano en la taberna de Terry, a donde acababa de llegar Leopoldo Bloom que había ganado cinco libras en las carreras, pero que a pesar de las insinuaciones de invitar a los parroquianos a tomar una cerveza Guiness, como buen judío tacaño se disculpaba amablemente, aunque, a sus espaldas la parroquia se hiciera eco de la conducta ligera de su mujer, la señora Molly Bloom…

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