La jauría urbana: el teléfono celular

By: juanrico

Jun 09 2013

Category: Uncategorized

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Focal Length:50mm
ISO:800
Shutter:1/250 sec
Camera:Canon EOS 400D DIGITAL

El teléfono celular

Quien no tiene un teléfono móvil, no tiene un tesoro. Se comunican con alguien al otro lado de la linea, al que no tienes el disgusto de conocer: pero, lo que no sabe el comunicante de esta parte que, con cierto sentido del contexto, puedes aventurar quién es el receptor al otro lado de las ondas hertzianas, bajo el paraguas del world wide web.

Uno de estos días frescos de primavera, cuando caminar o pasear apetece sobre manera, sobre todo si una brisa reconfortante de poniente abanica tu rostro, la cual neutraliza la soberbia de los rayos solares del mediodía, te sorprende una señora, casada o soltera o “arrejuntada”, de buen parecido y de  estructura atractiva, cuyas palabras vibraban con furor al artilugio electromagnético, al que pegaba a su oído:

– ¡Sí, hijo de puta!

– ¡Sí, basura, sí !

Al otro lado de la línea, con toda seguridad había una persona del sexo contrario, con el que mantenía o habría mantenido una relación amorosa o entrañable recientemente, que ahora se habría trasformado en un delirante odio o resentimiento. Debía ser todavía una personan con la que mantenía una relación de confianza e intereses como para usar tan tremendas hipérboles. Sin tener dotes de adivino, sospecho que el interlocutor masculino le reprochaba alguna situación o trataba de convencer a su interlocutora de algo que ella negaba, y ella pretendía cortar de raíz la conversación que se agriaba por momentos, expresándole su contrariedad mediante una anáfora que insinuaba lo contrario.

El interlocutor intentaba persuadirla mediante tal vez el engaño; o una acusación verdadera o falsa -sospecho que se trataba de una palmaria verdad, tomando en consideración la torva respuesta de la interlocutora.

A la señora no la delataban las arrugas de su agradable complexión, aunque no me equivocaría al afirmar que se encontraba entre esos tramos de la vida que propician al individuo a redefinir su vida sentimental.

Mi móvil, para mí, es “mi ángel de la guarda”, como para muchos otros, que tienes al alcance del bolsillo en caso de peligro; y en lugar de  rezar el “Cuatro esquinitas tiene mi cama”, que nos enseñaron de pequeños, marcas el ciento doce, por si las flais.

Por otro lado, el móvil me saca de ciertos apuros: si ves que se aproxima un individuo con el que no te apetece ni decir “hola”, sacas del bolsillo al “alcahuete” y empiezas a relatar una conversación ficticia. O, en otras situaciones, conciertas que alguien de tu confianza te dé un tono y, mediante una cortés disculpa, abandones una reunión que ya de antemano presumías  tediosa o, más sencillo todavía, pulsando el botón del timbre sin sacar el celular, y apartarte de la mesa o acompañante, para seguidamente lamentar tu ausencia.

Antes, decía D. Antonio Machado que el que consigo habla, con Dios espera hablar un día; yo creo que hoy “stultorum numerus infinitus est”.

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