El día de Todos los Santos en la churrería de Guareña

By: juanrico

Nov 15 2012

Category: Uncategorized

1 Comment

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Encontrarme con El Patilla en la churrería de Juanfra, aunque fuera el día de Halloween de los americanos, me colma de satisfación, toda vez que Paco había sido mortificado por un episodio de salud grave recientemente a consecuencia de su adicción a los cigarillos americanos, que entre café y café aspiraba a las puertas del establecimiento de Juanfra todos los días.
Aquella mañana festiva de Todos los Santos, me había colocado a su izquierda, apoyado sobre la barra y detrás de la columna, de la que Paco se servía como parapeto, y sospecho, para mejor pasar de desapercibido o permitirle a la intimidad una oportunidad en sus habituales “dime y cuéntame” con la familiaridad con la que Juanfra y Mayte, su esposa, el Patilla solía mantener- aprovechando el hueco a su izquierda -como digo- con la intención de conjugar mi empatía hacia su persona y su singular locuacidad que solía adornar con la expresión inimitable de sus huesudas manos.
A penas habíamos saludado nuestro encuentro con la entrañable simpatía que, creo, nos asistía, me sorprendió sin embargo que respondiera con cierta frialdad a la expresión de familiaridad con la que le correspondía, extendiendo mi mano sobre sus espaldas: percibí en el tacto que Paco había perdido peso, que sus omóplatos se hicieron notar con mi gesto, pero la prudencia me advirtió de la inconveniencia de no aprovechar el momento para mentar la soga en casa del ahorcado.
De pronto, Paco rompió su silencio y con la familiaridad que suele mostrar, saludó con una abierta sonrisa a D. José, que, el azar, aliado a la voluntad, había convertido en miembro de mi familia.
-“Es tío de mi mujer” -anunció Pepe al Patilla, que percibía sorprendido el tono familiar de ambos.
– ¡ Coño, Paco ! ¿ Qué te ha pasado en la mano? – exclamó D. José, sorprendido, al ver la mano de Paco lacerada por el dorso con heridas todavía frescas, pues la sangre no se había cuajado totalmente.
– la cadena de la galga que tiró fuerte, al oler una liebre acostada entre la maleza de la linde que separa eso vuestro de la del Mojino.
Estiró Paco el brazo tanto que parecía como si se descoyuntara tratando de explicar la fuerza que el cánido aplicó al instinto en su determinación de capturar al lepórido, mientras con la mano izquierda acariciaba su mano herida.
-! Vendería mi perra por 20€ millones, por lo que pagaron por ese caballo de carrera que dicen en el diario Deportivo ! -en cuya hipérbole halagaba Paco las cualidades de su galga, al tiempo que, encorvando las dos manos en paralelo, intentaba imitar las patas delanteras del perro en la carrera, haciéndolas bascular hacia adelante y hacia atrás con los codos pegados al pecho, en una competida carrera que mantuvo con otro perro de caza de su hermano; y concluyendo la descripción de la disputa, hacía zigzaguear sus brazos delante del mostrador de la churrería -tal como los perros sorteaban los obstáculos en su frenética carrera; y para concretar la distancia entre ambos estiró sus brazos, usándolos como patrón de medición.
-“Un tanto así, le sacó mi perra a la suya” -explicó el Patilla con admirable plasticidad.
No obstante, Paco seguía preocupado por su cuita.
– Ayer me ingresaron – incidió el Patilla- dirigiéndose a D. José, que, por ser veterinario, algo de enfermedades pudiera conocer- y la enfermera que me tomó la tensión se quedó de una pieza al ver que tenía 5/4.
– Debe usted dejar de fumar – le aconsejé- quizá, en un tono no suficientemente convincente porque Paco, abriendo el bolsillo superior de la camisa, me mostraba una caja de cigarrillos americanos.
– Pero sólo fumo alguno cuando salgo al campo con la perra: no lo puedo evitar, me entran unas ganas insoportables – añadía el Patilla tratando de justificar su abulia.
– Te invito, Pepe, a desayunar y a los niños – me ofrecí complaciente.
– No hay necesidad – me respondió.
-¡Pues por eso precisamente, porque no hay necesidad! -le contesté puntualmente a su contrariedad.
– Y dile a tus hijos que les he invitado a desayunar.

One comment on “El día de Todos los Santos en la churrería de Guareña”

  1. gracias tio juan por invitarnos a desayunar,fueron los mejores churros


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