El gentil dipsómano

By: juanrico

Dec 07 2011

Category: Uncategorized

2 Comments

Aperture:f/5
Focal Length:85mm
ISO:100
Shutter:1/640 sec
Camera:Canon EOS DIGITAL REBEL XSi


Caminaba sobrio y rezongón, apoyándose en un elegante bastón de caña de bambú, probablemente montando cábalas sobre los temas de tertulia que se pudieran tocar en el transcurso de la noche. Su anacrónico atuendo de estilo  mackoy y su visera tan útil en el estío como en el severo invierno, le permitía aparecer por detrás una melena poblada y voluminosa de cuidada blancura;   el mismo chaleco de grandes bolsillos protegía su atribulado torax, al que cuidaba con extraordinario mimo, alimentándolo de inhaladores etílicos, de los más caprichosos. Parco en palabras: sobrio. A su derecha le acompañaba un posible tertuliano, al que tenía la intención tosca  de facilitarle el recibo de la consumición una vez requerida la presencia del sirviente; aunque estos genotipos suelen mostrarse espléndidos y generosos en la primera cita, se comportan retraídos una vez más, si la ocasión así lo exigiera: como si hubieran asimilado el proverbio de quien comete un error una vez, la culpa es de otro; si persiste en el mismo, la culpa es de uno. Asumía el estilo holandés al hacer efectiva la cuenta. Por delante, abriéndose camino entre una piña de veraneantes que caminaban en sentido opuesto, una vez cediendo el lado derecho otra el flanco izquierdo, dependiendo de la inclinación política de la que se sintieran simpáticos, dos ancas de mujer.

Los dos culos se movían acompasados, con una inclinación tenue ya a la derecha ya a la izquierda, casi imperceptible; pero propiciando a los paseantes un atemperado placer del buen gusto: sueños de rezumante escarcha añeja. Sus faldas de estampados frescos  de lino  o popelín insinuante y sueltas de volante, permitían que la brisa de Posidón retozara sin pudor entre sus íntimas prendas blancas, de fruncidas filigranas a ganchillo. Caminaban en íntima conversación propia de mujeres de su edad.

No me puedo quejar: suelo llevar a efecto todo aquello que me apetece. Mi vida no tendría sentido si desperdiciara la oportunidad de viajar. No me siento limitada por problemas de salud o de otro cariz.

Mi marido y mis hijos me llenan el vacío que a menudo quebranta el estatismo. Así mismo, sin su compañía no podría soportar la soledad de cualquier dolencia.

No me permito dar consejos a nadie; ni a propios ni a extraños: cada uno debe ser dueño de sus propios actos, encaminados a aprovechar la felicidad que se pueda presentar en cada instante. El mundo se me está quedando pequeño: ya he completado la vuelta a nuestro planeta una vez, y me propongo iniciar la segunda.

Mi adorable retoño me propicia no envidiar tu disposición a los viajes, al que me hubiera tirado de cabeza en otros tiempos, pero hoy me siento limitada. Los hombres no son el centro de mi universo: todo pasa y todo se desvanece como un azucarillo en la taza de té.

No necesito beber para olvidar, pues no tengo nada de qué arrepentirme – Je ne regrette rien, como dice Miré Mathieu en una de sus canciones.

Se detienen ante el muestrario de bolsos falsos que los esclavos del siglo XXI, hijos naturales de la zapateresca Alianza de Civilizaciones, exponen fraudulentos en el paseo sobre mantas abiertas ante los  veraniegos vía andadores, las que recogen de un tirón al unir las esquinas del paño de un solo golpe, cuyo fardo se cargan al hombro y se desperdigan como el alma poseída entre los retamales de la costa, ante el peligro de la policía.

La mujer paga veinte euros por un CH, y tan pancha lo pasea por auténtico en sus ciudades de origen, deslumbrando a la competidora…Sin inquietarles el hecho de que por cada dispendio, manda al subsidio de desempleo a un español o  mantienen en la lista de desempleados a un indigente. Al fin y a la postre todos necesitan el sustento diario: unos quebrantando la ley protectora de los derechos a la propiedad, otros viviendo del generoso subsidio de los impuestos.

Siempre que se disponía a cumplir con la cortesía tomando alguna bebida espiritosa, la misma inquietud de siempre. Yo no sé qué tomar. Nada necesito para olvidar, nada para sentirme especialmente feliz un momento: pienso en las consecuencias, el malestar, la resaca. ¡ Qué dos posaderas para un mal banco !

El agobio de la multitud hacía adormilar la respuesta. El bullicio de una ola multicolor de pantalón corto y camisas playeras se abalanzaba a paso perezoso sobre su renqueante caminar, al que hacían apartarse desconsideradamente, como si de un invidente se tratara.

Todas las palabras se interferían unas con las otras, de tal suerte que añoraba el sermón de la misa del sábado, con el que a nadie se le concedía la oportunidad de disentir civilizadamente – el monopolio de la palabra de Dios.

Sus pasos los dirigía con resolución hacia El Cubano. Tasca lúgubre: al dueño el marketing le aconseja que ni  de unos ni de otros se atisbe  el caleidoscópico cambio en el rostro de los clientes, a medida que la ambrosía vaya ejecutando el milagro.

Un enjambre se hacinaba en torno a mesas rectangulares y apelotonadas, que desde el segundo tramo bien pudiera imaginarse la concha multicolor de un quelonio, engullendo y vociferando a la vez, como una colonia de abejas que se disputan el manjar del suculento panal.

Parecía como si el objetivo estuviera grabado en su ADN. Un gin- on- the rock para empezar: no está mal. La Reina Madre bebía ginebra como un pez, y sobrevivió al centenario. No me toques los cojones. No son los años: es el día a día lo que importa. Dos caipiriñas y un  santo caminan juntos hasta las puertas del Paraíso. Al primer sorbo del acompañante, le sucedió la mitad del vaso de un  trago de gin-on-the-rock. El Paraíso está cerca de nosotros. Silencio. Un chasquido de su garganta emitió un sonido ronco que alivió con otro trago de ginebra. La primera alegra el espíritu.

“Gaviota soñadora que te levantas entre nubes,

y sobre las aguas grises del mar te meces, te subes” ( Ulises )

El filósofo salió poético. La realidad de las sensaciones no es la única. No me toques los cojones. Kant, matemático, físico y filósofo dejó escrito que nuestra capacidad, como seres humanos para percibir la realidad está limitada a los sentidos. La Jarra y el agua. Estamos en éste escenario. Me tocan los cojones los escenarios. Se los va a desollar.

Mi cortesía se hizo expresión en otro gin-on-the-rock. Sin arrobarse. Un chaval de doce años en USA había conseguido rebatir la ecuación de Einstein y está becado en Harvard. Sorprendente. No me toques más los cojones. No entiendo “ la Peineta”  que me dedicas. Una grosería muy agradecida por otros culos.

Conocí otros dipsómanos simpáticos desde el primer trago. Un chiste no apto a oídos femeninos irrumpe inopinadamente. Un estornudo me impregna  los labios. Levanto mi mano ofreciéndole un clinex, que rechaza, echándose mano al bolsillo, extrae un moquero de celulosa y se lo aplica, al tiempo que se anuda un pañuelo oscuro a su cuello.

La segunda copa despoja al habituado del manto de la vergüenza y hace aparición la dama grosera e inoportuna.

La tarea de los pilotos de hoy en los supersónicos y el automático queda reducida a la observación de los mandos: son los controladores los responsables del vuelo. No me toques más los cojones: soy piloto jubilado. Los controladores son guardias de tráfico del espacio: si un liner entra en barrena, ellos son los responsables. Nuevo trago. Ni señal de hipo. Aguanta bien.

Un inciso de la dama acompañante. Hay calles dedicadas a personajes que se dieron a la bebida. Todo el mundo conoce que Freud antes de la inspiración tomaba LSD o bebía usquebaugh. Otros ilustres intérpretes al piano alternaban la música y … sin embargo fueron genios reconocidos.

Siempre le gustó hacerse acompañar de ilustrados personajes de la taberna.

Ya está bien por esta noche. No sé cómo resultará la caipiriña: otra me impediría tomar la medicación habitual: el lasoprazol  no hace buena pareja con el etílico manjar.

“ Caipiriña, suave como los labios de mujer:

tierna como un beso,

abrázame siempre a tu lado,

tu sabor fresco a lima,

tu abrazo me desvela, 

me llevas al Olimpo

de un trago, de tu hálito me alimento.

Caipiriña seductora, sutil

intoxicadora: no me olvides.

2 comments on “El gentil dipsómano”

  1. Me pierdo un poco en este post…. mmmm creo que lo podias dividir en 3 posts o asi…aghhhh
    Los CH de la manta, no solo aumentan la cola de los parados sino que subvencionan el trafico de ninos, prostitucion, etc… bolsos manchados de sangre.

    • Al escribir sobre hechos que pueden herir la sensibilidad de las personas, hay que releerlo con el fin de descubrir los matices y el verdadero mensaje que queda entre velado tras el cortinaje de la escena.


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