El Coquero de la Antilla

By: juanrico

Sep 26 2011

Category: Uncategorized

4 Comments

Aperture:f/2.8
Focal Length:3.85mm
ISO:80
Shutter:1/133 sec
Camera:iPhone 4


El día que me topé con este personaje, de jersey de pescador arlequinado, al que sólo le faltaba el sombreo tirolés y el arco con las fechas para ser confundido con Guillermo Tell, ofreciendo su trabajo a cambio de unos euros, no tuve más remedio que acordarme del ilustre viejo de  E. Hemingway.

Su cuerpo fibroso, de brazos fornidos, es testigo de un imponente esfuerzo con los remos, sentado sobre la traviesa de un humilde esquife de tres franjas -verde, blanca y verde -por frontera, desafiando a las mareas y a la resistencia que presenta el trasmallo, trasegando las aguas del océano para conseguir el fruto del mar; la tez tostada y ajada por la inclemencia del céfiro, del cierzo y del ábrego, y la obstinada flama de Hélios que nos da vida y nos mata a la vez;  sobre su barcaza, el torso descubierto a plena luz de la luna o abrigado por una prenda de lana con olor a pescado añejo y podrido en las largas noches de plenilunio… cuando más enfurecidos se hayan el atún, la corvina y corvineta, el pez espada y el pargo, y la urta, la cual se revuelve panza arriba para atraer al macho con su dorado vestido de escamas y color, y otras especies menores, en  desaforado celo rebuscan, al amparo del claro rayo de la pálida luna, su apareamiento… el coquero de la Antilla, que bregaba  casi exhausto en otros tiempos, cuando fue un verdadero pescador de especies nobles… hoy,  ya en retirada, cuya triste mirada trasluce su resignación al transcurso irredento del amanecer y del ocaso, rastrilla las orillas de la costa blanca, con los calzones enrollados hasta las rodillas, cribando las mareas en rutinario afán por desarenar la más hermosa de las coquinas; mientras tanto, su mujer, como ballena varada, le aguarda con un cesto de mimbre, apostada a horcajadas sobre la húmeda arena del crepúsculo de otoño.

  • Apresúrate, Ptolomeo, que se está haciendo de noche.
  • Aguarda, Arsinoe, que lleno el rastrillo. Vete llenando de agua el cubo,  en mientras.

La perilla gris de Ptolomeo alarga su rostro sin necesidad, pues no le falta atractivo añadido. Ya justifica su coquetería con el  sólo porte de lobo de mar que lo envuelve, pero  el Coquero de la Antilla es narcisista. Su mujer requiere un fuerte estímulo sensual para postrarse de grupas después de la cena, a la demanda insistente de su Ptolomeo. Sin embargo, está seguro que Arsinoe juntará sus pechos esa noche en premio a su esfuerzo en la recolección de coquinas.

Arsinoe encorva su generosa humanidad sobre el recipiente de plástico, con el cigarrillo en ristre entre los dedos de la mano izquierda – al más genuino estilo masculino- , el cual almacena la cosecha de la tarde anterior; y despacha vaso a vaso su sustento. Una bata amplia de color oscuro a modo de pichi hace de envoltura a su imponente corpulencia, de mujer gitana, de  negro azabache su mata de pelo abundante la recoge en una coleta que nace en su nuca; un amplísimo escote deja al descubierto dos ubérrimas ubres al inclinarse, entre las que los rayos del sol mañanero facilitan al observador el descubrimiento de vello púbico entre dos muslos de cetáceo impresionantes. Un tatuaje en tinta azul de motivo mitológico, que representa a Neptuno tal vez, entre los omóplatos; tal vez un dragón o un caballito de mar o un pulpo. Sobre uno de sus turgentes pechos, probablemente el bálano erecto de su Ptolomeo, del que se descuelgan sendos estambres voluminosos,  señala la estela hacia el grabado sobre el pecho izquierdo, que, en tinta carmesí pálida, color magenta, describe unos labios de mujer lustrosos, limitados por una linea de tinta azul verdosa.

  • Estas coquinas no producen diarrea. Las cogemos nosotros. No están meando: son chorritos de la respiración. Siguen con vida. Si no las vendemos, las devolvemos al mar para que engorden.

No tienen dios. Su dios es la naturaleza. No les inquieta el problema del déficit ni la deuda: ellos se sienten la solución.

Recogen sus pertrechos, se suben a la Niva que le sirve de transporte y ponen mar por medio.

4 comments on “El Coquero de la Antilla”

  1. ‘No están meando: son chorritos de la respiración” – es tuya esta frase o del coquero? TODO UN POEMA!!

  2. ¡Bravo! Me ha gustado.

  3. Te vas a quedar ciego de tanto observar¡Buena pluma.bs

  4. ¡ Qué hermoso cántico de amor¡


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