Los veduños

By: juanrico

Jul 05 2011

Category: Uncategorized

1 Comment

Aperture:f/2.8
Focal Length:3.85mm
ISO:500
Shutter:1/14 sec
Camera:iPhone 4

Se animó la tertulia esta mañana tórrida donde las haya:  sólo el reloj de pulsera en mi muñeca señalaba las nueve y media, y un sol amenazador con una aire”solano” – como se le conoce por estos pagos a la cálida marea del Saliente o Levante- que le acompañaba presagiaba los peores augurios: una tarde insoportable que haría asolanar a las verdes hojas de los maizales, y a los pavos donde los hubiera a mostrar sus hermosas colas en abanicos multicolor para después desgañitarse desesperados con los picos abiertos, a causa del sofoco, dejando caer de forma desmedida sus encarnados perigallos.

Bastó la presencia inesperada de José Pozo que, en apariencia de reclamo, contribuyera al concurso de un pintor de brocha gorda, el cual trabajaba enjalbegando la edificación donde se ubicaba la antigua churrería de Juanfra: un hombre maduro en traje de faena de color blanco, salpicado de algunas pinceladas de color verde, al que los concurrentes conocían, al concluir por la familiaridad en el trato, se lamentaba de haber tenido que hacer las américas en Barcelona, allá por los años sesenta.

-”Cobraba veinticinco pesetas cogiendo aceitunas, desde antes de la salida del sol hasta bien entrada la noche” –

-¿ Con quién vas a trabajar? le preguntaba algún mozalbete de su edad.

-¿ Con ese “veduño” ? Yo que tú mejor me quedaba en casa.

Los apodados “veduños” eran considerados egoístas y explotadores, que lo querían todo para ellos mismos: sólo se miraban a su propio ombligo, y de los demás – comentaban el pintor y Juanfra – que les cosan a puntadas.

Procuraban poner en valor el resentimiento hacia aquellos “empresarios” que no alcanzaban las diez hectáreas de explotación agrícola, convertidos en genuinos  “negreros”, inhumanas sanguijuelas, que hoy las pasarían “canutas” de no superar las veinte yeguadas. A tal fin desgranaban un racimo de anécdotas pintorescas dignas de ser contadas: desde la veduña cristineja que no cejaba de apalear el olivo hasta bien entrada la noche de luna, advirtiendo a los peones que no terminarían la jornada hasta que todas las aceitunas fueran recogidas del suelo una por una, hasta el veduño local, al que dejaron en la estacada saltando de la parte posterior del carro, sin ser percibido por el carrero que guiaba el tiro de las mulas.

El anticlericalismo por parte de los habituales no faltó a la cita: José Pozo, que después de haber oído la historia de Juanfra sobre “El cura y las tres verdades del barquero”, concluyó con una blasfemia, insuflado por la picardía del prelado, que consiguió engatusar al incauto barquero.

-Hombre, José, usted cree en el Rey y no la visto, ¿ verdad ?

-¡ Ah güevo !  El Rey está en la televisión, pero a Dios no lo he visto nunca.

Juanfra, en defensa del Chivo, argumentó que José Pozo no fue un “veduño” sino un “hortolano.”  Ante tan directa alusión a su menester por parte de Juanfra, José protestó

con cierta vehemencia por su orgullo herido:

-Yo fui cabrero.

Una profesión que el Chivo consideraba de mejor rango para terminar por recordar a los presentes que sin las subvenciones  la explotación del ganado caprino resultaba ruinosa ya que necesitan alambradas…

-Si, si: “la cabra tira al monte”, dijo al punto

-Así está Extremadura, le arguí, como está: no puede progresar sin subsidio, PER, …

Pero José Pozo, con sabiduría instintiva, concluyó la perorata con una sonrisa aquiescente, para terminar con un altivo orgullo de haber sido cabrero.

-Tengo un sobrino, que habiendo vendido las cocheras, que compró con el ahorro de una licencia de taxi en Barcelona, se “jizo” de más de mil cabras y, ya sólo le quedan doscientas. Le quitaron la subvención.

Y los habituales, que habían instado a Juanfra una invitación  en recompensa a su deferencia de desayunar todos los días, abandonaron la churrería cabizbajos, después de haber escuchado con atención la historia del cura y el barquero.

One comment on “Los veduños”

  1. Un post buenisimo. Empece imaginandome a los pavos con los picos abiertos asfixiados de calor y termine sintiendome parte de la conversacion en la churreria – Fantastico!


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