La Cena de Navidad

By: juanrico

Dec 30 2010

Category: Uncategorized

1 Comment

Aperture:f/4.5
Focal Length:65mm
ISO:400
Shutter:1/14 sec
Camera:Canon EOS 400D DIGITAL

Feliz Navidad

 

Tremenda. Espeluznante. Tierna. Patética. Impía.

Disfrutaban los chavales, todos esperando que las largas horas del ayuno  de la vigilia pascual se derritieran pronto y pudieran degustar aquellos platos humildes, para ellos suculentos, que no se resistían a ningún hogar, por pobre que fuera. Un plato de cuchara extraordinario. Un caldo de repáparos, un arroz con pollo, una cacerola de castañas guisadas o bellotas. De postre: natillas o un azafate de arroz dulce con leche, repáparos en leche dulce o castañas dulces en leche o natillas de vainilla. Se habían desvanecido las prolongadas horas de la espera, y aunque un frío de acero y nieve recortaba el aire por las oscuras calles de la aldea, puñados de niños y adolescentes desgranaban villancicos piadosos por las esquinas de las callejuelas estrelladas, de una noche alegre y feliz. Dios se había hecho hombre, y abierto el corazón humano a la esperanza.

Vueltas y revueltas por callejones, y plazuelas, desafinaban los más pequeños  los villancicos, que traían a la memoria el Nacimiento y la Adoración de los Reyes, acompasándose de zambombas y panderetas , también, de la chirriante percusión de tenedores y botellas de anís vacías; mientras, inquietos, esperaban el repicar de las campanas del campanario, que anunciaría la cena, de presas del gallo de la Misa, que, para sus inocentes entendederas, deberían ser sacrificados unos cuantos o muchos, que satisficieran sus estómagos de hambre, o, si no, uno que fuera de dimensiones descomunales, del tamaño de un camello, como los dromedarios de los Reyes Magos.

Esperando el “ite misa est”, que acabara con las cosquillas en sus entrañas y aparecieran los cocineros con los peroles rebosantes de caldo y pollo pertrechados sobre sus caderas, los niños de Jesús  apenas dormirían aterridos, como Dios, tiritando también en un pesebre, repleto de desilusión por el engaño, al que la necesidad había sometido a su esperanzada fe.

Arrodillados, en sus tiernos sueños, vieron aparecer sobre la torre de la iglesia un disco luminoso, más brillante que el sol mismo, que dejaba tras de sí una colcha añil de luces de colores indescriptibles, más variados y hermosos que los del arco iris, del que se desprendían notas de música celestiales y estrellitas diminutas en un centelleante caleidoscopio. Y mientras ésto sucedía, de alegría entonaban  el villancico que acababan de aprender en el colegio:

“  Manolito chiquito, rey de los cielos

rey de los cielos,

que ha nacido, pequeñito,

sin amparo y sin consuelo…”

al tiempo que, una niña, única del grupo, desprendía perlas de lágrimas, cuya congoja le impedía acompañar al coro de ángeles sobre la tierra.

Al calor de la lumbre de sarmientos o ramones de encina o de olivos, los más mayores se atrevían a hacer gorgoritos con letras de canciones mundanas. Se desprendían los verso de los “Campanilleros por la madrugá”  y la sensualidad de la Virgen, hecha Madre, entre cortina y cortina, adornada con cabellos de oro y peine de plata fina, que compensaban  la inmensas carencias de Dios en un pesebre. Y el penetrante frío de la noche les hacía sentirse  útiles, como la mula y la vaca en el Portal, aliviando  con calor e intimidad a la familia. Relataban cuentos y aventuras los mayores, que  les hacían reir , con el prodigio de un dios que se hace hombre en condiciones humillantes, a pesar de ser Dios; y  acongojarse por el “Carpe diem” de la Navidad, que va  y viene, como los días de un calendario implacable.

A lo lejos, por calles de escaso alumbrado, donde una  espesa niebla azotaba los veinticinco wattios en las esquinas y una perseverante ventisca mecía los faroles con insistencia,  marchaban contentos y cantaban  mozos y mozas, de jarana y borrachera, cánticos impíos y , a veces soeces…

“ A Belem llegó una burra, rin rin

yo me remangaba, yo me remangué,

yo me hice un remiendo, yo me lo quité,

cargada de chocolate,

chocolate del chocolatero, rin rin

One comment on “La Cena de Navidad”

  1. Feliz Navidad! pero mira como beben los peces en el rio….campana sobre campana…


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