Tanto amaba a su patria que se suicidó

By: juanrico

May 14 2010

Category: Uncategorized

1 Comment


Al ver Píramo las huellas del león y el manto ensangretado de su amada Tisbe, ya se imaginó todo lo demás: sus bellos miembros repartidos por el monte destrozados por las fauces sanguinolentas de la bestia; sus sueños en el averno; la belleza de Tisbe desaparecida para la eternidad – a pesar que creía y afirmaba siempre “la belleza es lo que nunca muere”. No podía soportar en sus sueños irredentos la belleza destruida por la Parca. Pensó que el mejor modo de acabar con el sufrimiento de no consumir su objetivo, su felicidad, sería desaparecer. N dejó que su imaginación corriera, y asiendo la espada que Vulcano le templó en su horno, se atravesó el pecho, renunciando a indagaciones postreras.

“¿ Tan mal te olía la vida?

¡oh bien hideputa puto

el que sobre tu cabeza

pusiera un cuerno de juro!”

Le reprochó Góngora en el poema que le dedicó a su muerte. Su desesperación no contemplaba más demora y se quitó el hálito de vida que le turbaba. Se conformó con que el escultor Praxíteles le dedicara una estatua de yeso.

Había llevado a su patria al suicidio. No soportaba su belleza. España rica, moderna y desarrrollada como nunca antes en la historia. Un accidente sangriento, como una herida en su costado, quiso el azar sentarlo en el trono. Prometió la paz y el entendimiento entre los pueblos. Y los pueblos le recibieron con indescriptible alborozo. Una patria nueva, que no nación: un himno y una bandera tricolor en el horizonte. El amigo de los débiles y desheredados se prometió como la protagonista de “Lo que el viento se llevó” que nunca pasarían hambre. La realidad en el lecho de muerte, como si de D. Quijote se tratara, le hace recuperar la razón.

El idílico país se desmorona ante sus circunflexos ojos; la sonrisa se le quiebra en los labios y una mueca del orgullo herido se cuela en su mirada.

“Miré los muros de la patria mía,

si en un tiempo fuerte,

hoy desmoronados…”

Ya los amigos otrora, hoy amenazante enemigos. Las viudas, las preñadas no harán cola para el susidio, los chupatintas se sublevan con rabiosa ira de engañados. La fiesta se acabó en las escuelas; las animadoras del cotarro preparan a los pubes con carteles y notas que entonarán en la calle con letra de -Nunca mais- y entre sordina “No queremos un presidente que nos mienta”… Sus antes amigos se reparten el manto de  su indignidad, exigiéndole el suicidio.

Inútilmente. Ya ha desenvainado la espada que un día había afilado Vulcano para

la ocasión. No hace falta. Las campanas al viento anuncian su deceso. ¡ Después de tanto sufrimiento,  a los que más daño le pudo hacer, no sienten desprecio, sino caridad; como siempre aprendieron de sus mayores!


One comment on “Tanto amaba a su patria que se suicidó”

  1. Pobre hombre zapatero… pero cada zapatero a sus zapatos!


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