¿ Porqué no te callas…?

Era ya tarde en los cielos de Amsterdam cuando las agencias, los teletipos, al prensa electrónica ponían al rey de España en la picota de la noticia. Un rey manda a callar a un gorila, no es Chaves un gorila cualquiera, es un indio mestizo que no entendió la lección de modales que D. Juan Carlos le trasmitió telegráficamente: el primate rojo nunca sospechó que un rey le hiciera popular, que, con una invitación escueta, le sugería que bajara del árbol, de la parra, que dejara hablar a Zapatero, que dejara a Zapatero defender al ex-presidente Aznar de los improperios con los que el protonazi Chaves, él mismo, descalificaba a un presidente demócrata…

Pero Amsterdam no es Caracas, ni Holanda Venezuela: aquí la gente se ocupa de otras cosas más edificantes: las ventanas de las viviendas dejan alumbrar las calles con su tenue luz, las farolas en las calles canalizadas dejan un hilo de luz de bombillas de bajo consumo, el pedaleo apenas perturba el tranquilo sosiego de la gente laboriosa que ha terminado su jornada; sólo el motor de un catamarán cargado de turistas consigue adormecer más la quietud de una noche fría, que no gélida. Un poco de bullicio en el barrio rojo nos alerta de que estamos en Amsterdam: en los escaparates se exhiben las trabajadoreas del sexo ofreciendo sus calidades y sus placeres al caminante, de aquí allá pululan los “coffee-shops”, donde fumar yerbas está autorizado… Es viernes y la ciudad joven se divierte bullanguera, sin botellón, civilizada: el coche no es un objeto del deseo para los jóveness – diez por ciento de la población tiene vehículo propio- las tabernas cerveceras repletas aunque sin atosigar; el bullicio de las calles resuena a un país del sur, apenas los frenos de un tranvía rompe con el carma de una civilizada armonía, donde hasta los tulipanes en los jardines privados de los chalets están reglados por el gobierno. Es el precio que la comodidad paga; es la calidad de vida el incómodo peaje de una sociedad que le fascina la ordenación, la lógica, la sensatez…

Vuelvo al hotel y las cadenas de televisión insisten en ponderar al rey de España. D. Juan Carlos se guardó el gazapo en los puntos suspensivos. Holanda no desprecia a los Ausburgos – tampoco los ama- pero fueron parte de su historia y a la verdad de la historia se la respeta. No es una casualidad, pues, que Erasmo naciera en los Países Bajos.

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