Estética v. Oportunismo

Prosigue el bebate de demolición del popular “Cubo” de la Facultad de Biblioteconomía en la Alcazaba de Badajoz, tras la sentencia resolutoria de demolición del TSEx. Los estudiantes se apuntan a un bombardeo sin haber enfocado con precisión al blanco al que pretenden demoler: el caso es que, sin un minuto de sosiego para la reflexión, se oponen a una sentencia acertada o no, según provenga, del tercer poder supuestamente independiente – El Judicial-  de la democracia, que establece la legitimidad de la separación de poderes. Una vez aceptado este principio básico, podemos colegir que la decisión ha sido acertada, sin el menor indicio de prevaricación: el ya ínclito “Cubo” de nuestros desvelos nos cuestiona el sentido estético de los pacenses, por haber permitido en el pasado tan mostruoso insulto a la sensibilidad estética de los menos, alzando este mamotreto funcional sobre el conjunto armónico de la fortaleza medieval, apoyándose sobre el basamiento de ruinas arqueólogicas que, respetadas cuidadosamente en la biblioteca de la susodicha facultad, al amparo además de la remodelación y buen uso del antiguo hospital militar; sin embargo, en su haber, en el haber de los responsables de los que en su día tomaron la equivocada decisión de acometer las obras  albergaba el incuestionable fin de dar vida a un cuerpo muerto,  el barrio antiguo de Badajoz. Toda vez que me atrevo a asegurar que sea cierto, porque lo es, habría que reprocharles la escasa visión de futuro: deberían haber advertido que llegaría el día en que la Alcazaba se adecentaría con los fondos de la E, no de la ONU, como les hubiera apetecido algunos- que el palacio del Marqués de la Roca se convertiría en museo arqueológico, que los jaramagos, cenizos, malvas locas y diferentes yerbajos iban a dar paso a una esquisita repoblación de arbustos y plantas del bosque mediterraneo como el tomillo, el romero, lavanda y demás parterres adecuadamente resembradas de margaritas y claveles chinos que aunque plantas de viveros no desmerecen del conjunto botónico del emplazamiento. Badajoz, para nuestro pesar, no tiene entidad monumental, como puede ser Cáceres o Mérida y, si algo se empiza a resurgir de las cenizas no deberíamos poner trabas, presionando como talibanes para que una sentencia no se ejecute, argumentando altos costes, que a la larga, siempre serán insignificantes si tenemos en cuenta, el beneficio patrimonial de la ciudad que es el caudal irrenunciable de los pacenses de hoy y de mañana. Con su demolición o remodelación armónica del bodrio arquitectónico habremos ganado todos, incluso los estudiantes de biblioteconomía, que a buen seguro, no eharán en falta las privadas fecales, que si bien escasas en los senderos y pasillos, aún nos delatan desmerecidamente nos califican a todos- la parte por el todo: una vergüenza!

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